La atmósfera y la gravedad se inclinan la una hacia la otra. Son a la vez expansivas y ancladoras. Nos sostienen y nos ofrecen una sensación de perspectiva. Proporcionan una estabilidad y una certidumbre esenciales ante lo absoluto, y sin embargo no podemos evitar mirar hacia arriba, hacia afuera y alcanzar eso que se ubica fuera de las cosas y modos que conocemos. Selene es un disco acerca de ese anhelo persistente por lo que está más allá.
Es una obra que busca nuevas perspectivas arrancadas de paisajes familiares y medita sobre esa sensación de ancla y punto de vista. El trabajo es también un himno especulativo a las visiones de las zonas celestes que se derraman siempre hacia el exterior. Esas visiones, antaño lo que podíamos percibir a simple vista, son hoy mucho más: el ojo mental se alimenta por igual de radiotelecopias, sueños fílmicos y representaciones de ficción de un lugar que la mayoría nunca conocerá de primera mano.
Esta grabación se inscribe en una línea que mira atrás mientras se estira hacia adelante. Es solo una de tantas historias, contada a través de lugares, culturas y generaciones. Se sitúa en el intersticio del antes y del después, y en ese instante nos invita a ubicarnos y a entregarnos a él.